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miércoles, 15 de julio de 2026

Cómo nació Villanuenera del Binomio

 UNA MUSA INALCANZABLE, UN AMOR QUE NO FUE PARA EL COMPOSITOR ROSENDO ROMERO. 


En diciembre de 1976, Rosendo Romero es invitado por Juan Manuel Liñán a un bautizo a Chiriguaná. Se presenta con su hermano Norberto. Al llegar la vio. Una estrella encarnada en una jovencita. Brillaba sobre todos los presentes. Se refriega los parpados para descartar que fuera un espejismo.


Claudia, nacida en Villanueva, era poco conocida en su pueblo. Con un gran esfuerzo, sus padres la enviaron a estudiar a Bogotá cuando apenas cumplió 10 años.


Rosendo se enamoró de inmediato. Empezó a cantar dirigiéndose directamente a Claudia. Llegó a improvisarle versos de manera manifiesta, sin importarle ponerse en evidencia frente a todos. Ella, sonrojada, trataba de explicarle a su padre con su mirada que no conocía al joven y no tenía idea de lo que estaba pasando.


Rosendo la buscaba. Ella lo esquivaba. Le cantaba serenatas en su ventana una media noche, pero la adolescente no estaba preparada ni interesada en novios. A finales de enero de 1977, desesperado, lo-gró decirle que necesitaba hablar con ella. Claudia le contestó que al otro día viajaba para Bogotá.


-Regálame unos minutos.


-Estoy ocupada.


-Vuelvo esta noche.


-Está bien; a las 7.


Rosendo salió de allí emocionado. Desprogramado se preguntaba "¿qué haré hasta las 7 de la noche?" Estaba nervioso. Se dirigió a su casa a esperar la hora, pero un amigo lo llamó. Se quedó parrandeando en un patio de El Cafetal. Se acordó de la cita a las 7 de la mañana del día siguiente. Corrió a la casa de Claudia. Estaba en la puerta lista para partir. No pude hablar con ella; ahora debía esperar que regresara de Bogotá.


El incumplimiento de esa cita sería un remordimiento que le impediría dormir tranquilo. Compuso para ella Despedida de verano. 


En la semana siguiente, el Binomio de Oro inicia grabaciones de su segundo de larga duración. Israel Romero le pide a su hermano una canción. Le entrega la que le compuso a Claudia. El músico le man-da a preguntar a la musa si autorizaba que se le colocara al tema el nombre de ella. Responde que no. Le asustaba la reacción de sus padres. La titularon Sueños de conquista.


A llegar de vacaciones de junio, Claudia viaja a La Guajira, confiada en que la reserva de haber inspirado un vallenato no iba a trascender. Desconocía que en Villanueva los secretos son una quimera. A los pocos días fue lanzado a nivel nacional el LP del Binomio, Por lo Alto. A la semana, su padre, pasaba por el frente de la casa de un amigo y este lo llama:


-¡Migue, ven a escuchar la canción que le compusieron a tu hija!


Una corriente eléctrica de 220 voltios lo hubiera estremecido menos. La escuché atentamente a ver si encontré algo comprometido en su letra. Se tranquilizó al no encontrar nada y se devolvió para su casa. Sentó a su mujer ya Claudia. Le indagó sobre el significado de esa situación.


-Papá, no tengo nada con él. Lo conocemos en Chiriguaná ¿Se acuerda? No he salido con él, no le he dicho nada, ni prometido, ni ilusionado; Todo ha sido por su cuenta, son cosas de él.


Rosendo Romero, ignorante de lo sucedido en casa de Claudia, se presentó por la tarde, sonriendo, con el disco debajo del brazo, y una hermosa camándula como obsequio para su musa. Para fortuna de él, el papá de Claudia no se encontró. Su mamá lo hizo seguir, llamó a Claudia y se sentó con ellos en la sala. Escucharon la canción, y Rosendo, creyendo que el noviazgo estaba asegurado, pidió permiso a la señora para visitar a su hija. La respuesta fue Cortés pero contundente:


-Rosendo, sus canciones son lindas, pero yo quiero que mi hija se dedique a sus estudios.


Claudia permaneció callada, avalando las palabras de su madre. Rosendo Romero no volvió jamás allí. A la semana siguiente, como exorcismo para expulsar esos sentimientos, creó Sombras de amor, con la cual integra la trilogía compuesta a Claudia Ramírez. Una musa que nunca le correspondió, ni siquiera alcanzaron a ser amigos, jamás le tocó una mano. Un amor platónico, perteneciente más al siglo XIX que al XX. 


Apartes tomados del libro Crónicas del CANCIONERO VALLENATO escrito por Fredy González Subiría.

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